Carl Sagan: Obsesionado con la realidad

Ofrecimientos típicos de la pseudociencia y la superstición son la astrología; el triángulo de las Bermudas; Big Foot y el monstruo del Lago Ness; los fantasmas; el «mal de ojo»; la telepatía, predicción, telequinesis y «visión remota» de lugares distantes...

Carl Sagan: Obsesionado con la realidad
“El Charlatán (El saca-muelas)”, Giovanni Domenico Tiepolo (1755)
Contexto Condensado

En la década final del siglo 20, con el mundo expandiendo sus oportunidades de creación—y, por lo tanto, también de estafas—, el científico Carl Sagan se pone en primera línea de la batalla contra la pseudociencia, como siempre lo hizo. En 1995 publica The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark, traducido en 1997 por la catalana Dolors Üdina i Abelló para Ediciones B, (muchas) gracias a quienes tenemos esta joya de defensa del método científico y sus avances, del rigor y del pensamiento crítico, de El mundo y sus demonios—la ciencia como una luz en la oscuridad; del que extraemos un ataque implacable contra la charlatanería, sobre la misma línea marcada por Francis Bacon casi 4 siglos antes (porque para la naturaleza eso es poco tiempo, y el ser humano no cambia, y las cosas siguen igual).

Capítulo 2 de nuestra serie Cripto, Creators y Charlatanes.

Autor: Carl Sagan

Libro: El Mundo y sus Demonios (1995)

Capítulo 13: Obsesionado con la Realidad

(extracto, principio del capítulo)

“Un armador se disponía a echar a la mar un barco de emigrantes. Sabía que el barco era viejo y que no había sido construido con gran esmero; que había visto muchos mares y climas y se había sometido a menudo a reparaciones. Se había planteado dudas sobre si estaba en condiciones de navegar. Esas dudas lo reconcomían y le hacían sentirse infeliz; pensaba que quizá sería mejor revisarlo y repararlo, aunque le supusiera un gran gasto. Sin embargo, antes de que zarpara el barco consiguió superar esas reflexiones melancólicas. Se dijo a sí mismo que el barco había soportado tantos viajes y resistido tantas tormentas que era ocioso suponer que no volvería a salvo a casa también después de este viaje. Pondría su confianza en la Providencia, que difícilmente podría ignorar la protección de todas esas familias infelices que abandonaban su patria para buscar tiempos mejores en otra parte. Alejaría de su mente toda sospecha poco generosa sobre la honestidad de los constructores y contratistas. De este modo adquirió una convicción sincera y reconfortante de que su nave era totalmente segura y estaba en condiciones de navegar; contempló cómo zarpaba con el corazón aliviado y con los mejores deseos de éxito para los exiliados en su nuevo hogar en el extranjero; y recibió el dinero del seguro cuando la nave se hundió en medio del océano y no se supo nada más. ¿Qué podemos decir de él? Desde luego, que era verdaderamente culpable de la muerte de esos hombres. Se admite que creía sinceramente en la solidez de ese barco; pero la sinceridad de su convicción de ningún modo puede ayudarle, porque no tenía derecho a creer con una prueba como la que tenía delante. No había adquirido su fe honestamente en investigación paciente, sino sofocando sus dudas…”

 – William K. Clifford, “La Ética de la Fe” (1874)

En los límites de la ciencia —y a veces como atavismo del pensamiento precientífico— hay una serie de ideas al acecho que son atractivas, o al menos modestamente intrigantes, pero que no han sido tamizadas a conciencia con el equipo de detección de camelos, al menos por parte de sus defensores: la idea, por ejemplo, de que la superficie de la Tierra está en el interior, no en el exterior de una esfera; o la aseveración de que se puede levitar mediante la meditación y que los bailarines de ballet y los jugadores de baloncesto dan unos saltos tan altos por levitación; o la propuesta de que yo tengo algo que se llama alma, no hecho de materia o energía, sino de otra cosa de la que no hay pruebas, y que después de mi muerte podría volver a animar a una vaca o a un gusano.

Ofrecimientos típicos de la pseudociencia y la superstición —se trata de una lista meramente representativa, no completa— son la astrología; el triángulo de las Bermudas; Big Foot y el monstruo del Lago Ness; los fantasmas; el «mal de ojo»; las «auras» como halos multicolores que según dicen rodean la cabeza de todos (con colores personalizados); la percepción extrasensorial (PES) como telepatía, predicción, telequinesis y «visión remota» de lugares distantes; la creencia de que el trece es un número «desafortunado» (razón por la que muchos edificios de oficinas serios y hoteles de América pasan directamente del piso doce al catorce... ¿por qué arriesgarse?); las estatuas que sangran; la convicción de que llevar encima una pata de conejo da buena suerte; las varitas adivinas, los zahoríes y los hechizos de agua; la «comunicación facilitada» en el autismo; la creencia de que las cuchillas de afeitar se mantienen más afiladas si se guardan dentro de pirámides de cartón y otros principios de «piramidología»; las llamadas telefónicas (ninguna de ellas a cobro revertido) de los muertos; las profecías de Nostradamus; el supuesto descubrimiento de que los platelmintos no amaestrados pueden aprender una tarea comiendo los restos triturados de otros platelmintos más adiestrados; la idea de que se cometen más crímenes cuando hay luna llena; la quiromancia, la numerología; la poligrafía; los cometas, las hojas de té y los nacimientos «monstruosos» como anuncio de futuros acontecimientos (más las adivinaciones de moda en épocas anteriores, que se conseguían mirando entrañas, humo, la forma de las llamas, sombras, excrementos, escuchando el ruido de los estómagos e incluso, durante un breve período, examinando tablas de logaritmos); la «fotografía» de hechos pasados, como la crucifixión de Jesús; un elefante ruso que habla perfectamente; «sensitivos» que leen libros con la yema de los dedos cuando se les cubre los ojos sin rigor; Edgar Cayce (que predijo que en la década de los sesenta se elevaría el continente «perdido» de la Atlántida) y otros «profetas», dormidos y despiertos; charlatanería sobre dietas; experiencias fuera del cuerpo (es decir, al borde de la muerte) interpretadas como acontecimientos reales en el mundo externo; el fraude de los curanderos, las tablas de Ouija, la vida emocional de los geranios revelada por el uso intrépido de un «detector de mentiras»; el agua que recuerda qué moléculas solían disolverse en ella; describir la personalidad a partir de características faciales o bultos en la cabeza; la confusión del «mono número cien» y otras afirmaciones de que lo que una pequeña fracción de nosotros quiere que sea cierto lo es realmente; seres humanos que arden espontáneamente y quedan chamuscados; biorritmos de tres ciclos; máquinas de movimiento perpetuo que prometen suministros ilimitados de energía (todas ellas, por una u otra razón, vedadas al examen minucioso de los escépticos); las predicciones sistemáticamente fallidas de Jeane Dixon (que «predijo» una invasión soviética de Irán en 1953, y que en 1965 la Unión Soviética se adelantaría a Estados Unidos en colocar al primer humano en la Luna) y otros «psíquicos» profesionales; la predicción de los Testigos de Jehová de que el mundo terminaría en 1917 y muchas profecías similares; la dianética y la cienciología, Carlos Castañeda y la «brujería»; las afirmaciones de haber encontrado los restos del Arca de Noé; el «horror de Amityville» y otras obsesiones; y relatos de un pequeño brontosaurio que atraviesa la jungla de la República del Congo en nuestra época…


Francis Bacon: Aforismos sobre charlatanes
No han faltado en el mundo charlatanes y locos que, en parte por credulidad, en parte por impostura, han agobiado al humano con toda suerte de promesas y de milagros: prolongación de la vida, venida tardía de la vejez, alivio de los males, revelación de los misterios, y muchos otros por el estilo.
👈🏽 CRIPTO, CREATORS Y CHARLATANES,, CAPÍTULO 1

Enjambre de reglas y charlatanes *
El mundo sigue estando lleno de crédulos que creen que la gente feliz escribe libros sobre felicidad, que la gente motivada comparte frases motivacionales, que los amigueros hablan sobre cómo hacer amigos, que los inteligentes estudian el coeficiente intelectual—en la vida hay muy pocos shortcuts.
CRIPTO, CREATORS Y CHARLATANES, CAPÍTULO 3 👉🏽

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