Platón: Critias (libro completo, 36 minutos)

A la Atlántida no se llega sino por Platón, que no solo describe una guerra, una civilización y una cultura, sino que es el único en proveer datos exactos sobre ubicación y geografía.

Platón: Critias (libro completo, 36 minutos)
Autor: Platón.
Título del libro: Critias o La Atlántida.

Fecha de redacción: primera mitad del siglo 4 a. C.
Género literario: diálogo.

Idioma original: antiguo griego (Κριτίας o Ατλαντίδα).
Traducción: Franciso Lisi (1992, Editorial Gredos), directo del griego según la edición de John Burnet (1902, Oxford); revisada por Carlos García Gual (2002, Gredos).

Tiempo total de lectura: 36 minutos.


Contexto Condensado

A la Atlántida no se llega sino por Platón, que no solo describe una guerra, una civilización y una cultura, sino que es el único que tira datos sobre ubicación y geografía.

A Platón le llega el relato de la Atlántida contada por Critias, quien se piensa que fue su tío o su abuelo. A Critias, en teoría, le llegó contada por su abuelo Solón y sus poemas. Solón escuchó la historia original a principios del siglo 6 a.C. en Sais, capital de Egipto durante el reinado de Dinastía XXVI, o Dinastía Saíta, que gobernó entre 664 y 525 a. C. Allí, el relato le es contado, en egipcio, por un sacerdote. (Nota aparte: el historiador Heródoto, poco más de un siglo después, también visitó Sais.) Solón fue el poeta, gobernante y reformador de Atenas que puso los fundamentos para la construcción de la democracia ateniense con sus famosas (para nerds) y transformadoras reformas constitucionales. Critias, por su parte, fue la cabeza de los Treinta Tiranos, nombre que recibió el gobierno oligárquico que sucedió a la democracia ateniense—gobierno títere de Esparta luego de la derrota de Atenas en la guerra del Peloponeso, gobierno derrocado al cabo de apenas un año.

“Tirano” viene del griego τύραννος týrannos, que quiere decir “rey soberano”, absoluto, que no necesariamente abusa de su poder pero que lo ha usurpado. Su derivado en latín, tyrannus, quiere decir “gobernante ilegítimo”, y se va acercando al significado actual que implica el gobierno de un déspota usurpador. Por detalles como este, junto con muchos otros, no hay que juzgar los ni los textos ni el comportamiento de los antiguos con los lentes contemporáneos con los cuales vemos e interpretamos el mundo. Por detalles como este es importante elegir bien los traductores y las traducciones, gente con rigor que se apegue a los idiomas originales y que provea contextos históricos. Solón tiene que hacer este trabajo al traducir la historia de la Atlántida del antiguo egipcio al antiguo griego, detalle no poco importante en el estudio de este libro, obra que empieza como termina: ex abrupto, de golpe. La expresión le pertenece a Patricio de Azcárate Corral en su introducción al Critias, publicada en 1871-1872, parte de su traducción de las Obras completas de Platón, puestas en lengua castellana por primera vez (Medina y Navarro Editores). Don Patricio, gran traductor al español de obras Platón y Aristóteles, traducía no del griego, sino del francés. La traducción más fidedigna que conocemos en español, fue hecha en 1992 por Franciso Lisi (Editorial Gredos), quien también tradujo el Timeo, ambos directamente desde el griego, desde la versión de John Burnet preparada en 1902 para Oxford. El trabajo de Lisi fue revisado por Carlos García Gual y publicado en 2002 en un compendio denominado Mitos de Platón (Gredos).

El Timeo está ligadísimo al Critias, y esto nos lo explican los dos traductores mencionados en sus introducciones.

Patricio de Azcárate:
Argumento

El Critias comienza ex abrupto. Puede decirse que el Timeo continúa en él sin interrupción. El preámbulo, de que ningún diálogo de Platón carece, falta en éste. ¿Será porque el Critias apenas está comenzado y bosquejado? ¿Será, porque no es realmente otra cosa que la misma conversación continuada por los mismos interlocutores, sin intervalo y sin reposo?

Las pocas páginas escritas por Platón pueden resumirse en muy pocas palabras. Critias, que sucede en el uso de la palabra á Timeo, se excusa, como éste, haciendo notarla dificultad que ofrece la materia. Después de éste preliminar, comienza á referir la guerra que se suscitó en otro tiempo entre los pueblos situados más acá de las columnas de Hércules y los situados más allá de las mismas. Pero para despertar interés por este suceso, es preciso conocer los adversarios, es decir, los atenienses de aquellos tiempos y los habitantes de la Atlántida. Por lo pronto, describe los antiguos atenienses, su gobierno, su país, su ciudad. Enseguida, describe los habitantes de la Atlántida, su origen, que se remonta hasta Neptuno, su isla y sus productos, sus reyes y sus gigantescos trabajos, su estado político, su organización y su poder militar; cómo fueron intachables en sus principios y cómo degeneraron después, de tal manera, que Júpiter, irritado con sus crímenes, resolvió castigarlos, y para ello reunió los dioses en el santuario del cielo, en el centro del mundo, para darles á conocer sus irrevocables decretos. A este discurso está reducido el diálogo.

Este pequeño fragmento no bastarla para adivinar el objeto del Critias. Pero Platón lo ha indicado claramente en las primeras páginas del Timeo. En efecto, allí se dice:

«Los ciudadanos y la ciudad que nos has presentado ayer como una ficción, nosotros los trasportaremos á la realidad; colocaremos tu ciudad en esta antigua ciudad ateniense; y declararemos que esos ciudadanos, que tú has concebido, son verdaderamente nuestros antepasados, aquellos de que hablaba el sacerdote. Habrá un perfecto acuerdo entre los unos y los otros; y no nos separaremos de la verdad, si decimos que los ciudadanos de tu república son los atenienses de los antiguos tiempos.»

Estas palabras, sobre todo, si se tiene en cuenta el lugar en que se hallan, son perfectamente claras. Es evidente que Platón se proponía, al escribir el Critias, dar realidad al ideal de la República, y hacer así más sensibles con un ejemplo sus consideraciones teóricas, presentando á los antiguos atenienses como vencedores de los habitantes de la Atlántida.

Lo que Platón ha podido escribir de este diálogo en proyecto, ¿es muy interesante, al menos bajo el punto de vista filosófico? No nos atrevemos á decirlo. Pero bien que sea difícil darse cuenta de lo que hubiera debido seguir y de los desenvolvimientos de un diálogo, cuyo objeto y detalles son de todo punto imaginarios, se puede, sin embargo, afirmar, bajo la fe del genio de Platón, que él habría podido ejecutar una obra de gran valor, quizá una obra maestra.



Francisco Lisi:
Introducción

El tema del Critias es la guerra entre la Atenas primordial y un imperio occidental, Atlántida, situado más allá de las columnas de Heracles. El diálogo ha llegado inconcluso y lo que queda de él se limita a describir la geografía y la organización política de las fuerzas enfrentadas. Si bien no hay dudas acerca de Atenas, las correspondencias de Atlántida en la realidad están lejos de ser evidentes. No parece que los conocimientos geográficos existentes en la época permitan formular hipótesis muy aventuradas, aunque éstas no han faltado. La intención de Platón es clara: lo que cuenta es el valor paradigmático de la historia y basta con considerar cada uno de los contendientes desde la perspectiva de la política ontologizante característica del pensador ateniense para dar cuenta de ciertos detalles o comprender que en un caso proyecta los rasgos esenciales de la constitución ateniense en el pasado y en el otro los de las constituciones lacedemónicas o incluso las de la Persia contemporánea.

La autenticidad del Critias no ha sido puesta prácticamente en duda y se encuentra confirmada por la estrecha relación con el Timeo. Tanto desde el punto de vista del momento en que fue compuesto como de la cronología dramática, es posterior se ha supuesto que la interrupción abrupta del diálogo se debía a que lo había abandonado para escribir las Leyes. Sin embargo, el final podría ser también intencional: en el panegírico de la Atenas primordial difícilmente encajaría la descripción de su degradación y castigo. Un indicio en esa dirección podría ser el estilo acabado de lo que ha llegado hasta nosotros. De todas maneras, la forma en que culmina ha contribuido no poco a la recepción que ha tenido, sobre todo en la literatura utópica posterior.

El Critias y la concepción platónica de la historia

La similitud del orden político descrito al comienzo del Timeo y en el Critias con el estado ideal de la República ya ha sido puesta de manifiesto en la introducción al primer diálogo. De mayor importancia aún es el hecho de que, tal como han mostrado H. Herter y K. Gaiser, la historia de la Atenas originaria sigue los principios filosófico-históricos esbozados en el mito del Político (269c-274e). No obstante, la relación de la Atenas originaria con el cuadro pintado en dicho diálogo no es la que pretenden ambos estudiosos. El extranjero de Elea describe la vida del género humano bajo la guía directa de los dioses en un período anterior que la mitología identificaba con la época de Cronos. En el Critias, Platón ubica expresamente la Atenas originaria en el período de Zeus (Crit. 121b). Además, el estado ateniense realiza el gobierno de los filósofos y no son los dioses los que rigen directamente los hombres. El cataclismo que provoca la desaparición de la Atlántida y la Atenas originaria no es universal, como lo muestra la continuidad histórica de Egipto (Tim. 22c-e), en tanto que el descrito en el Político abarca todo el universo y modifica la naturaleza del cosmos (269e-271c). Es esta diversidad de períodos lo que hace necesaria una técnica política—arte no existente bajo el dominio de los dioses—con la consiguiente aparición de la organización estatal y el abandono del comunismo absoluto predicado como la mejor forma de relación social en las Leyes (5, 739a-e). No hay dudas de que Platón diferencia intencionalmente y de manera consistente el momento histórico descrito en el presente diálogo del mito. Hay un avance progresivo de la disolución en el mundo y un alejamiento cada vez mayor del orden y la unidad. El Político adjudica ese momento al período actual y sostiene que la decadencia progresiva sólo será interrumpida por la acción del demiurgo que ha de volver a tomar la conducción del universo cuando éste amenace con disolverse en el mar de la diferencia (Pol. 273d-e).

La filosofía de la historia platónica reconoce, por tanto, dos ciclos bien diferenciados. En uno no hay historia en sentido estricto, porque bajo la conducción directa del demiurgo el cosmos y el hombre no conocen el devenir desordenado, sino que son la imitación más perfecta de la estabilidad y permanencia del mundo ideal. En el otro, se instaura el devenir histórico que presupone una decadencia y una disgregación paulatina del cosmos y del orden político y humano. En este segundo período pueden distinguirse diversos segmentos históricos introducidos por cataclismos parciales que indican el progresivo alejamiento del mundo del orden ideal. La historia de Atlántida y la Atenas primitiva se ubica, por tanto, al comienzo de dicho período.

En la elaboración de la historia, Platón se ha valido de los relatos mitológicos existentes y de la proyección de sus principios histórico-político-filosóficos en la historia originaria. Es evidente que el estado ateniense es la concreción en el nivel histórico de la formación política descrita en la República, con lo cual el así llamado estado ideal no es sino una de las formas que pueden adquirir las formaciones políticas perfectas, la aristocrática. La monárquica corresponde a la adversaria de la Atenas primitiva, Atlántida. P. Friedlander señaló que ambas partes representaban una idealización de la Atenas y la Persia contemporánea y mostró la relación de la historia de Critias con el tercer libro de las Leyes. Efectivamente, mientras la Atenas primitiva era la concreción de la helenidad y los atenienses son los jefes de los otros griegos (Crit. 112d-e), los atlántidas son bárbaros y llevan un tipo de vida que acuerda con la naturaleza de los bárbaros, tendente a la organización monárquica (cf. Crit. 113a, 116c-d). Esto muestra que cada período histórico es una imitación del anterior y de la misma manera reflejo cada vez más imperfecto de la inmutabilidad del mundo ideal.

La traducción manuscrita

El Parisinus Graecus 1807 [A] conserva el texto del Critias y es, como en el caso del Timeo el manuscrito principal. Los manuscritos vieneses Vindobonensis 21 [Y] y Vindobonensis 54 [W], que eran importantes para la constitución del primer diálogo de la trilogía, no lo contienen. Otro manuscrito vienés (Vindobonesis 55 [F]) tiene, como ha señalado A. Rivaud lecciones interesantes. Algunas variantes de relevancia pueden encontrarse en el Vaticanus 228 y el Venetus 184. La presente traducción sigue, como en el caso del Timeo, la edición de Burnet.



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