Jesús: hacé a los demás lo que querés que te hagan a vos

Pero a ustedes los que oyen, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra. A cualquiera que te pida, dale. Y como quieran que hagan los hombres con ustedes, así también hagan ustedes así con ellos.

Jesús: hacé a los demás lo que querés que te hagan a vos
Jerusalén Jerusalén, de James Tissot (c. 1890)
Contexto Condensado

Cerramos ahora esta primera exploración sobre la Regla de Oro, esta mini-serie, con una verdadera joya.

Podríamos hacer de esta serie una colección larga, aumentando textos antiguos que hemos sacrificado, como ser: del hinduismo, que tiene milenios de antigüedad; del jainismo, que surgió en el siglo 6 a.C. en la India; del taoísmo en la China, de más o menos el mismo siglo; del judaísmo en el Levítico y el Talmud (mencionado en este trip por Joseph McCabe); de la tradición tamil en la India; del islam, nacido en Arabia en el siglo 7; de la religión yoruba nacida en Nigeria pocos siglos después; y de religiones más recientes como el sijismo (India, siglo 15), la de los nativos norteamericanos (siglo 15), el bahaísmo (Persia, siglo 19), y la cienciología (USA, siglo 20).

También podemos meter textos que contienen la regla de oro en la Antigua Grecia y en el estoicismo romano. O de filosofías más recientes como el racionalismo (como ya vimos), el absolutismo, el humanismo, el kantismo, el utilitarismo, el liberalismo, el evolucionismo...

Tenemos para leer meses, pero la idea aquí es sentar las bases. Dejo, como regalo, o como rehenes para liberar cuando volvamos al tema, algunas citas que nombran la Regla de Oro, ya sea de forma positiva o negativa, en autores más recientes:
Charles Darwin en el Origen del Hombre:
“«Haz á los hombres lo que quieras que ellos te hagan», principio sobre el que reposa toda la moral”.
Concepción Arenal en La Instrucción del Pueblo, citando a Proudhon:
“Proudhon escribe sobre la justicia una voluminosa obra, y da por su fórmula práctica esta máxima del Evangelio: Haz a otro lo que quieras que él te hiciera a ti. No hagas a otro lo que no quieras que él te hiciera. Esto es caridad, pero está tan lejos de ser justicia, que puede volverse contra ella.”
Simon Blackburn en Pensar:
“Muchos sistemas éticos se basan en alguna versión de la conocida Regla de Oro: «Trata a las demás personas tal como desearías que te trataran a ti».”
John Stuart Mill en Utilitarismo:
“En la regla de oro de Jesús de Nazaret, leemos todo el espíritu de la ética utilitarista: Haz como querrías que hicieran contigo y ama a tu prójimo como a ti mismo, en esto consiste la perfección ideal de la moral utilitarista”.
Thomas Henry Huxley en Evolución y Ética:
“Moralistas de todas las épocas y todos los credos, atendiendo únicamente a las relaciones de los hombres entre sí en una sociedad ideal, se han puesto de acuerdo en la regla de oro: «Haz lo que te gustaría que hicieran»”.
William de Witt en Ética Práctica:
“La Regla de Oro, Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti, es el mejor resumen del deber”.
Thomas Hobbes en Leviatán:
“Las leyes de naturaleza no necesitan ni publicación ni promulgación, ya que están contenidas en esta sentencia, aprobada por todo el mundo: No hagas a otro lo que tú consideres irrazonable que otro te haga a ti”.
Karl Popper en La Sociedad Abierta y sus Enemigos:
“Que la crueldad siempre es “mala”, debe evitarse siempre que sea posible; que la regla de oro es una buena norma que tal vez se puede mejorar tratando a los demás, siempre que sea posible, como ellos quieren ser tratados. Estos son ejemplos de descubrimientos elementales y extremadamente importantes en el reino de las normas”.
A excepción de la cita de Hobbes, todas las demás estan escritas de forma “positiva” en vez de “negativa”. Todos los que citan la forma propositiva, lo hacen aludiendo a Jesús en las Sagradas Escrituras, que pasó del “no hagás” al “hacé”, del abstenerse de hacer al hacer propositivo.

(Popper la lleva incluso un poquito más allá: no necesariamente trata a los demás como vos querés que te traten, sino como ellos quieren ser tratados.)

Para Kant, esto no era suficiente, y escribió que el imperativo categórico debería ser:
obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”.
Según Kant, que se nos ordene:
“amemos al prójimo, incluso al enemigo, el amor, como inclinación, no puede ser mandado; pero hacer el bien por deber, aun cuando ninguna inclinación empuje a ello y hasta se oponga una aversión natural e invencible, es amor práctico y no patológico, amor que tiene su asiento en la voluntad y no en una tendencia de la sensación”.
Podemos leer otra especie de crítica a la Regla de Oro en el artículo del mismo nombre en la Enciclopedia Británica de 1911, donde se dice:
“En cualquiera de las dos formas, el precepto, en su aplicación ordinaria, forma parte de un sistema hedonista de ética, siendo el criterio de acción de carácter estrictamente utilitario”.
Utilitario o hedonista, de forma positiva o negativa, todos los moralistas de todas las escuelas de todos los tiempos parecen haberse puesto de acuerdo en que no hay mejor forma de sintetizar el ideal ético y moral. (Nótese: ideal.) El adagio es tan sencilo como certero, que todo lo que se escriba para desarrollarlo puede parecer simple filosofería.

Dicho por Jesús, aparece en el capítulo 7 del Evangelio de Mateo y en el capítulo 6 del Evangelio de Lucas. El de Mateo data de entre los años 70 y 100, y fue escrito en arameo; el de Lucas, se debate si también, porque también se cree que pudo haber sido escrito en griego. Te dejo, a continuación, los dos capítulos para que veás sus semejanzas y diferencias, en la versión Reina-Valera de 1960.

Si alguna vez hubo algún mejor maestro moralista que Jesús, sirvan estas palabras para dudarlo.

Autor: Mateo

Libro: Evangelio de Mateo (siglo 1)

Capítulo 7:

El juzgar a los demás

7 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

La oración, y la regla de oro

7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

La puerta estrecha

13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Por sus frutos los conoceréis

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis.

Nunca os conocí

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Los dos cimientos

24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.


Autor: Lucas

Libro: Evangelio de Lucas (siglo 1)

Capítulo 6:

Los discípulos recogen espigas en el día de reposo [sábado]

6 Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. 2 Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; 4 cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino solo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? 5 Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.

El hombre de la mano seca

6 Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. 8 Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. 9 Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal?, ¿salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

Elección de los doce apóstoles

12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: 14 a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15 Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.

Jesús atiende a una multitud

17 Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18 y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados. 19 Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.

Bienaventuranzas y ayes

20 Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. 23 Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.

24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo.

25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.

26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas.

El amor hacia los enemigos, y la regla de oro

27 Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28 bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. 29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. 33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

El juzgar a los demás

37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. 38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

39 Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40 El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro. 41 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.

Por sus frutos los conoceréis

43 No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. 44 Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. 45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Los dos cimientos

46 ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? 47 Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. 48 Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. 49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.


Citado por:

Joseph McCabe: La ética cristiana (y su relación con la moral en el mundo)
La Regla de Oro de Cristo, tomémosla humanamente. Nadie va a amar a su prójimo como a sí mismo. No se puede hacer. Las emociones humanas no están hechas así. Un ideal debe ser algo realizable. Pero no tenemos que preocuparnos por esto, sino porque tenía siglos de antigüedad cuando Cristo la citó.

Leer Mateo 8 y Lucas 9:

Jesús: el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza
Y vino un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza».

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