Harry Frankfurt: On Bullshit

Parece apropiado interpretar productos hechos sin cuidado como análogos de bullshit. ¿Es el bullshitter un dejado, un irracional? ¿Es su producto necesariamente desordenado o sin refinar? La palabra shit, sin duda, sugiere esto. El excremento no es diseñado ni elaborado en lo más mínimo...

Harry Frankfurt: On Bullshit
Il Ciarlatano, de Giovanni Battista Tiepolo (1756)
Contexto Condensado

Harry Frankfurt nació meses antes del crash del 29, hace 93 años, así que ha vivido lo suficiente para observar varios ciclos de crisis, oportunidades, y su fair share de bullshitters. En 1986 publicó un ensayo con el mejor título de la historia: On Bullshit. Casi 20 años después, el 2005, el ensayo fue reeditado como libro; el análisis filosófico que hace Frankfurt—PhD y maestro de filosofía—se mantiene contemporáneo hasta hoy. Quizá sobre todo ahora, era en el que nos exponemos diariamente a altas dosis de bullshit. Mantengo el título en inglés porque algunas cosas son intraducibles. El 2006 la Editorial Paidós publicó una traducción a cargo de Miguel Candel, y en el primer intento, el editor deja una nota al pie:

“Término de muy difícil traducción, que revela desprecio o manipulación de la verdad. En la presente obra será traducido por «charlatanería»”.

En el ensayo original, bullshit y bullshitter aparecen casi tantas veces como los años de Frankfurt; en la traducción se cuentan con los dedos de ambas manos. Por eso, a mi manera, traduzco y republico un extracto para que nos sirva como noveno capítulo de la serie sobre Cripto, Creators y Charlatanes—y como muestra, un botón, de la actualidad de este filósofo.

Autor: Harry Frankfurt

Ensayo: On Bullshit (1986, 2005)

Extracto

En el anterior capítulo, y en el principio del presente, he considerado los progresos efectuados por el hombre, á partir de la condición primitiva semi humana, hasta su estado actual en los países en que todavía el hombre se encuentra en estado salvaje.

A continuación intentaré desarrollar, considerando algún material biográfico perteneciente a Ludwig Wittgenstein, una apreciación preliminar, pero enfocada con mayor precisión, de cuáles son las características centrales del bullshit.[1] Wittgenstein dijo una vez que el siguiente pedazo de verso de Longfellow podría servirle como lema:

“In the elder days of art
Builders wrought with greater care
Each minute and unseen part,
For the Gods are everywhere.”[2]

El punto de estas líneas es claro. En los viejos tiempos, los artesanos no tomaban atajos. Trabajaban cuidadosamente, y cuidaban cada aspecto de su trabajo. Cada parte del producto era considerada, y cada una era diseñada y fabricada para ser exactamente como debería ser. Estos artesanos no relajaban su meditada autodisciplina ni siquiera en los rasgos de su trabajo que normalmente no serían visibles. Aunque nadie fuese a notar si esos rasgos eran o no del todo correctos, a los artesanos les molestaría en la conciencia. Así que nada era escondido bajo la alfombra. O, también se podría decir, no había bullshit.

Parece apropiado interpretar productos hechos sin cuidado, de mala calidad, como análogos de bullshit. ¿Pero de qué manera? ¿Es la semejanza de que el bullshit mismo se produce siempre de manera descuidada o autoindulgente, de que nunca es finamente elaborado, de que en su confección nunca hay la preocupación meticulosamente atenta por los detalles a la que alude Longfellow? ¿Es el bullshitter[3] un dejado, un irracional, por propia naturaleza? ¿Es su producto necesariamente desordenado o sin refinar? La palabra shit, sin duda, sugiere esto. El excremento no es diseñado ni elaborado en lo más mínimo; es simplemente emitido, o desechado. Puede tener una forma más o menos coherente, o puede que no, pero en cualquier caso ciertamente no está forjado.

La noción de bullshit cuidadosamente forjado implica, entonces, una cierta tensión interna. La atención cuidadosa a los detalles requiere disciplina y objetividad. Conlleva aceptar estándares y limitaciones que prohíben la indulgencia de impulsos o caprichos. Es este desinterés lo que, al ser conectado con el bullshit, nos parece inapropiado. Pero, de hecho, no está descartado para nada. Los ámbitos de la publicidad y de las relaciones públicas, y el ahora estrechamente relacionado ámbito de la política, están repletos de ejemplos de bullshit tan rotundos que pueden estar entre los más indiscutibles y clásicos paradigmas del concepto. Y en estos ámbitos hay artesanos exquisitamente sofisticados que—con la ayuda de técnicas avanzadas y exigentes de investigación de mercado, encuestas de opinión pública, pruebas psicológicas y demás—se dedican incansablemente a conseguir que cada palabra e imagen que produzcan sea la exactamente correcta.

Sin embargo, hay algo más para decir acerca de eso. No importa cuán estudiosamente y escrupulosamente proceda el bullshitter, sigue siendo verdad que también está tratando de salirse con la suya. Hay seguramente en su trabajo, como en el trabajo del artesano descuidado, una especie de relajación que resiste o elude las demandas de una disciplina austera y desinteresada. El modo correspondiente de relajación no puede equipararse, evidentemente, con el simple descuido o la falta de atención a los detalles. Intentaré localizarlo más correctamente a su debido tiempo…


  1. Nota de Conectorium: huevadas, disparates, pero con el fin de engañar; charlatanería; gilipolleces; tonterías; literalmente «mierda de toro». ↩︎

  2. Nota de Conectorium:
    “En los viejos tiempos del arte
    Los constructores forjaban con el mayor cuidado
    Cada detalle y cada parte escondida,
    Porque los Dioses están en todas partes”.
    ↩︎

  3. Nota de Conectorium: en el sentido de mentiroso, charlatán, embustero, farolero. ↩︎



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