Friedrich Nietzsche: Ocio e inactividad

Uno piensa con el reloj en la mano, y se almuerza con la mirada puesta en la bolsa de valores. Se vive como si en cualquier momento “fuera a perderse” algo. El principio de que “es mejor hacer algo que no hacer nada” estrangula toda cultura y todo gusto superior. Ahora hay vergüenza en el descanso.

Friedrich Nietzsche: Ocio e inactividad
Friedrich Nietzsche, por Edvard Munch (1906)
Contexto Condensado

Un año antes de su Zaratustra, Nietzsche publicaba su Gaya Ciencia. El título en alemán era Die fröhliche Wissenschaft, que más que Gay Science quiere decir, en realidad, La Feliz... ¿Ciencia? ¿Erudición? La palabra wissenschaft es complicada de traducir porque encierra el saber, el conocimiento y la experiencia, todo registrado y sistematizado, en una sola cosa (todo lo tienen que sistematizar los alemanes). Wissen es saber, y el sufijo -schaft es lo que le da la condición o estado a algo, la cualidad, tipo el sufijo -dad: artificialidad, bondad, maldad... estaríamos hablando de un título tipo La Feliz Sabiduridad —si me dejan inventarme palabras—, porque no es lo mismo que saber ni que sabiduría. También se ha traducido como El Alegre Saber, que es mucho más certero que La Gaya Ciencia. Gaya en español quiere decir “alegre, vistoso”, lo mismo que gay en inglés, antes de la sexualization del término, que ya sabemos por dónde empezó.

El libro, titulado en alemán, en realidad usa un dicho famoso en la época, que venía del dialecto provenzal del idioma occitano (hablado en el sureste de Francia, noreste de España). La locución era: gai saber, asociada a poesías trovadoras del siglo 14, y que hacía mención a lo necesario, al arte de componer poesías de amor. ¿Quizá el título del libro, traducido, pudo haber sido El Arte de la Poética? La poesía es, igualmente, alegre sabiduridad (incluso cuando es triste).

La Gaya Ciencia es la obra de Nietzsche con más poemas y es “el más personal” de sus libros. Está dividido en 5 volúmenes y 383 secciones aforísticas, y estaríamos hablando de una colección que busca hablar de la alegría del saber entendido como poesía. Publicado en 1882, tuvo una segunda edición revisada y aumentada en 1886.

Nos interesa de él, en este caso, la sección 329, que habla del ocio y la inactividad. Voy a hacer hincapié en que esto fue escrito hace 140 años. Y en el origen de ocio que revisamos hace poco: el latín otium, tiempo libre de las fuerzas militares, o retiro de la actividad —del negocio, neg-otium— para dedicarse al conocimiento y a la vita contemplativa. ¿Por qué? Porque vamos a hablar de su importancia en el cuidado de uno mismo; profundizamos en las siguientes lecturas. Por ahora, leemos a Nietzsche en una traducción retrabajada en esta casa, con el ojo puesto en el original en alemán. Con un ojo en el latín, recordá que bellum significa guerra.

Autor: Friedrich Nietzsche

Libro: La Gaya Ciencia (1882)

Libro Cuarto, sección 329: Ocio e Inactividad

Hay una barbarie indígena, propia de la sangre india norteamericana, en la forma en que los americanos luchan por el oro, y su prisa sin aliento por trabajar sin descanso —el verdadero vicio del nuevo mundo— que ya está comenzando a contagiar y enloquecer a la vieja Europa, extendiendo en ella una falta de ingenio realmente singular. Uno ahora se avergüenza de descansar; al que se entrega a una larga contemplación casi que le remuerde la conciencia. Uno piensa con el reloj en la mano, y se almuerza con la mirada puesta en la bolsa de valores. Se vive como si en cualquier momento “fuera a perderse” algo. El principio de que “es mejor hacer algo que no hacer nada” representa una cuerda que estrangula toda cultura y todo gusto superior. Y del mismo modo que con este afán de trabajar de la gente se esfuman visiblemente las formas, desaparece también la sensibilidad en sí hacia las formas, así como el oído y el ojo por la melodía de los movimientos. Prueba de esto es esa vulgar claridad que ahora se exige en todas partes, en todas las situaciones en que una persona quiere ser honesta con los demás, en el trato con los amigos, las mujeres, los parientes, los niños, los maestros, los alumnos, los líderes y los príncipes. Ya no se tiene tiempo ni fuerzas para las ceremonias, ni para la cortesía con rodeos, ni para las conversaciones ingeniosas, ni, en general, para todo el otium. Porque una vida dedicada a la caza de ganancias obliga continuamente a la inteligencia a consumirse hasta el agotamiento, en perpetua simulación, engaño o anticipación de ventaja: la verdadera virtud ahora es hacer algo en menos tiempo que otro. Y así, rara vez hay horas de honestidad permitidas, y en ellas uno está tan cansado que no sólo desea “dejarse llevar”, sino también tumbarse perezosamente. De acuerdo con esta tendencia se redactan hoy las cartas, cartas cuyo estilo y espíritu serán siempre “el signo de la época”. Si se sigue encontrando placer en la vida social y en las artes, es en el sentido de los esclavos embrutecidos por sus pesadas faenas. ¡Qué pena esta frugalidad de “alegrías” en nuestros cultos e incultos! ¡Esta creciente sospecha de toda alegría! El trabajo monopoliza crecientemente la tranquilidad de conciencia. A la inclinación por la felicidad se la llama ya “necesidad de descanso”, y empieza a verse como motivo de vergüenza. “Hay que pensar en la salud”, así se justifica uno cuando lo pillan en un viaje al campo. Sí, pronto puede llegar el día en que no se entregue uno a la vita contemplativa (es decir, a salir a pasear con los pensamientos y con los amigos) sin tener remordimiento de conciencia y sentir desprecio por uno mismo. ¡Pues bien! Antes era todo lo contrario; era el trabajo el que soportaba el peso de la conciencia culpable. Cuando una persona de origen noble se veía obligada a trabajar, lo ocultaba. El esclavo trabajaba obsesionado por la idea de que hacía algo despreciable. El “hacer” mismo era algo despreciable. “Lo único noble y honroso es el otium y el bellum”, ¡esa era la voz del antiguo prejuicio!


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